viernes, 14 de agosto de 2009

Hiposexualidad

Una temporada de falta de apetito sexual (que a muchos ha pasado y no debe llenarnos de drama shock) es posible que se vuelva crónico. Incluso, objeto de estudio y motivo de visitar al especialista. Gran cantidad de gente que vive básicamente con un nulo o bajísimo deseo sexual se debe a desbalances hormonales, a falta de testosterona (hormona reina de la calentura), cuestiones genéticas relacionadas con los receptores de su cerebro, o con asuntos psiquiátricos importantes. O sea para ellos el sexo tiene la misma importancia que ver pasar una bola de heno en medio de la nada. Igual de excitante y divertido.
Algunos creerán que el perfil de dichas personas se caracteriza por inseguridad, que son huraños o retraídos. Pero no, andan pululando por la vida como seres sociales comunes, relajados, incluso divertidos, simplemente el sexo no les interesa. Y aunque en sus momentos de soledad quizás se suman en dudas y en enojo consigo mismos, pocas veces dan a notar el poco contacto que les merece su ser sexual. Algunos, es más, tienen pareja (misma que o comparte dicho trastorno o vive quejándose amargamente).

En Estados Unidos han surgido en los últimos años numerosos grupos de personas que declaran abiertamente asexuales y que han constituido la Red de Educación y Visibilidad de la Asexualidad. En palabras del sexólogo Alonso Acuña ese término, asexualidad, no puede emplearse en español puesto que indica ausencia de sexo y esa circunstancia en los seres humanos es imposible. Nuestra sexualidad y sexo nacen con nosotros y mueren con nosotros. No hay más. Lo más correcto utilizar el término hiposexualidad. Al fin y al cabo, los hiposexuales aunque tengan un deseo sexual por los suelos también tienen relaciones sexuales (una vez al año o un episodio masturbatorio cada seis meses).
Según datos no oficiales de la Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual, tres de cada diez personas son hiposexuales. Se trata de personas de cualquier edad, género o condición social.
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