jueves, 21 de enero de 2010

Solo un pequeño extracto

Desde pequeño sufrí las calamidades de la vida, mi padre, de oficio carpintero, nunca vio en mi a alguien digno de su respeto, frecuentemente me llamaba “piojo” debido a que para él siempre parecía algo molesto y desagradable.
A pesar de que sabía que yo no era una de sus personas favoritas, siempre procuraba ayudar en sus labores, manteniéndome siempre dispuesto y leal como el mejor de los escuderos.

De vez en cuando me entregaba una moneda, fruto del arduo esfuerzo que siempre le caracterizaba, en ocasiones esa moneda venía acompañada de un “buen trabajo, piojo”, frase que solo llegué a escuchar un par de veces pero que me acompañaría como un grato recuerdo hasta la fecha.

Mi madre era una mujer hermosa y de buenos modales, generosa y tranquila como la hierba, o al menos eso es lo que en alguna ocasión le escuché decir a mi padre mientras la recordaban él y quien parecía ser un viejo amigo suyo, nunca conocí su rostro, el único recuerdo de ella es una vieja carta que tiempo después encontré dentro del baúl que mi padre celosamente protegía con fiereza de mi curiosidad, solo una triste carta con el nombre de mi madre en el remitente y que jamás pude leer pues la tinta se había corrido a causa de un líquido derramado. Lágrimas de mi padre tal vez.

Mi padre era popular por su fino trabajo, pero también lo era por su afición al vino, aunque procuraba nunca beber en mi presencia, comúnmente lo espiaba mientras él me creía durmiendo, y el motivo era que una vez alcoholizado parecía hablar con mi madre.
En ocasiones, sumido en su embriaguez le escuchaba decir cosas como “piojo es cada día mas fuerte” o “haré que te sientas orgullosa de nosotros”, escucharlo hablar así me provocaba un sentimiento agradable en mi pecho, aunque siendo niño me era difícil explicarlo con palabras.

Jamás fui abrazado por los brazos de mi madre, durante el parto hubo complicaciones que provocaron su agonía y posteriormente su muerte, entendía el porque no era aceptado por mi padre pero a pesar de ello soñaba con que un día él pudiera dirigirme su mirada al menos unos segundos, aunque fuera en silencio.

(texto sujeto a cambios en su versión final)
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